Como complemento a su apoyo a la investigación, a través del Premio de investigación Louis Bonduelle y de su mecenazgo, la Fundación Louis Bonduelle también lleva a cabo sus propias investigaciones científicas, en colaboración con entidades del mundo académico. Estos trabajos se articulan principalmente en torno al consumo de verduras y otros vegetales por parte de los niños. Su objetivo concreto es medir la eficacia de las acciones sobre el terreno y comprender los factores determinantes del consumo de verduras. En el transcurso de los últimos 5 años, un proyecto ha cristalizado toda la atención de nuestros expertos científicos: el proyecto EPICALIM.

En términos de diversificación alimentaria, hemos comprendido que la clave para que las verduras entren a formar parte de los hábitos alimenticios diarios de las personas consiste en hacer que se familiaricen con ellas todo lo posible y cuanto antes. Por eso, los pedagogos intentan multiplicar el contacto de los niños con las verduras, haciendo que sea algo divertido: talleres de cocina, huertos, exposiciones, juegos de mesa, héroes de historias infantiles, figuritas, etc. En este sentido, el proyecto EPICALIM pretendió identificar las actividades lúdicas que más influyen sobre el comportamiento de los niños.

Una investigación de dos años de duración

El proyecto EPICALIM se inscribe en el contexto de un importante trabajo de revisión de la literatura científica. El análisis de 17 experimentos científicos ha permitido demostrar que las acciones que combinan varias prácticas (las actividades culinarias y la formación nutricional) permiten aumentar significativamente el consumo de verduras entre los niños.

A la vista de esta conclusión, la Fundación Louis Bonduelle ha puesto en marcha dos colaboraciones científicas conjuntas para ahondar en estos análisis.

  • La primera, junto a Epicurium (un centro de descubrimiento enteramente dedicado al mundo vegetal, en el departamento francés de Vaucluse), ha desarrollado en primer lugar una exposición pedagógica sobre las leguminosas. A continuación, la colaboración siguió su curso con el proyecto EPICALIM, articulado en torno a dos estudios sobre diferentes talleres pedagógicos.
  • La segunda, que se ha llevado a cabo junto con el Instituto de Turismo y Hostelería de Quebec, aborda los comportamientos de los niños en la cocina.

Combinar acciones lúdicas y, sobre todo, cocinar las verduras: una fórmula que funciona

Los resultados principales de este trabajo de larga duración, cuyas conclusiones se resumen prácticamente en su totalidad en la infografía siguiente, revelan que:

  1. Las acciones que combinan varias prácticas (las actividades culinarias y la formación nutricional) permiten aumentar significativamente el consumo de verduras entre los niños.
  2. El consumo de una familia habitualmente rechazada por los niños, las leguminosas, aumenta significativamente tras un taller práctico (horticultura o cocina).
  3. El impacto de un taller culinario varía en función del grado de neofobia del niño.
  4. Un taller culinario tiene mayor impacto en el consumo de leguminosas de un niño neófobo que un taller de horticultura.
  5. Los talleres prácticos permiten aumentar el consumo de productos vegetales nuevos elaborados de diferentes formas.
  6. La actividad culinaria permite desarrollar nuevas competencias en el niño, como la autosuficiencia, la confianza en sí mismo o la curiosidad.
  7. Un taller culinario tiene un impacto sensiblemente mayor sobre el consumo de verduras que una exposición (con mensajes nutricionales y sobre el origen, fundamentalmente), que no incrementa el grado de familiarización.
  8. Participar en juegos de memoria con imágenes de verduras tiende a mostrar un efecto positivo sobre su consumo, pero solo cuando son conocidas.

Elegir las actividades lúdicas en función de la personalidad de los niños

¿Qué recomendaciones podemos extraer de estos dos años de investigación de la Fundación? La primera recomendación evidente, dado el fenómeno de neofobia, es familiarizar a los niños con el máximo número posible de verduras diferentes desde la más tierna infancia. En pocas palabras, maximizar la exposición del niño a las verduras. Esto implica:

  • dedicar tiempo a explicarle lo que son las verduras,
  • dar ejemplo,
  • partir de la diversificación alimentaria variando las verduras,
  • incorporar las verduras en todas sus formas y preparadas de muchas maneras diferentes,
  • comprar o recolectar conjuntamente,
  • empezar la comida con una verdura para instaurar el hábito, desde los primeros años de vida.

No obstante, hay un tipo de actividad, el taller culinario, que parece funcionar mejor con todos los niños, sea cual sea su personalidad. En cambio, en lo que respecta a la horticultura, la recomendación difiere según el carácter del niño. En el caso de los niños neófobos, dar a conocer una verdura nueva en el contexto de huerto puede contribuir a limitar su consumo. Por el contrario, si el niño no es un neófobo, que él mismo pueda recolectar la verdura y conocer la planta favorecerá el consumo.